El abuelo que dormía en una iglesia,fue amenazado y ahora no tiene donde vivir

Claudio Torres, un hombre de 83 años, atraviesa una situación desesperante luego de ser amenazado y agredido por otras personas en situación de calle que habitan en el mismo lugar que es el refugio de una iglesia del barrio 9 de Julio. Actualmente, se encuentra con todas sus pertenencias frente a la terminal de ómnibus del centro, sin un lugar donde estar.

“Nunca pensé que me iba a pasar esto en la vida. La estoy pasando mal, mal, mal”, expresó Claudio con angustia, mientras intenta encontrar una solución para su situación.

Según relató, en la mañana del miércoles fue increpado por dos personas que también dormían en el lugar. “Me levanté a calentar agua para tomar mate y me empezaron a insultar. Uno salió con un garrote para pegarme”, contó. La situación fue contenida por el encargado del lugar, pero el conflicto dejó en claro que ya no podía permanecer allí.

Claudio sostiene que los ataques podrían estar relacionados con la repercusión que tuvo su historia en medios locales y redes sociales. “Es la envidia, porque yo salgo en todos lados. Pero yo cuento lo que me pasa, no le pido nada a ellos”, explicó.

El hombre aseguró que nunca recibió más ayuda que un espacio para dormir: “No he comido nada de la iglesia. Lo que tengo es mío, lo que como me lo trae la gente”.

Una realidad económica que no alcanza

Además de no tener un techo, Claudio enfrenta una difícil situación económica. Explicó que sus ingresos no le permiten acceder a un alquiler, ya que gran parte de su dinero se destina a gastos médicos tras una operación de cadera.

“Me quedan 100 mil pesos cuando cobro, y no me alcanza para nada. ¿Qué hago, a dónde voy a ir?”, se preguntó.

Sin refugio y con miedo

Tras abandonar la iglesia, se instaló frente a la terminal de ómnibus, donde permanece con todas sus pertenencias. Aunque evalúa posibles alternativas, reconoce que las opciones son escasas y muchas veces inseguras.

“Voy a ver si consigo algo, pero si no, me quedaré acá. No puedo andar pasando la noche con miedo a que me roben o me hagan algo”, relató.

También contó experiencias recientes que lo hicieron desconfiar de algunas ofertas de ayuda: “Me quisieron llevar a un basural. Así no se puede”.

Un pedido desesperado

Claudio no pide grandes cosas, pero sí necesita asistencia urgente para atravesar este momento. Su caso refleja la vulnerabilidad extrema en la que viven muchos adultos mayores sin vivienda, expuestos a la violencia y sin redes de contención.

“Si me dan una mano, bien. Y si no, veré cómo aguanto”, concluyó.