Asistió al Jardín Maternal Evita desde sus primeros meses de vida y hoy es la encargada de preparar los alimentos para los niños que concurren al espacio. En el marco del 42° aniversario de la institución, comparte una historia marcada por el sentido de pertenencia, el compromiso y la vocación de servicio.
Para María Antonella Antelaf, el Jardín Maternal Evita no es solo una institución educativa. Es también el escenario de sus primeros recuerdos, el lugar donde creció, donde acompañó a sus hermanas, donde llevó a su hija y donde, desde hace dos décadas, desarrolla su trabajo diario.
En vísperas del 42° aniversario del establecimiento, Antonella recuerda una imagen que permanece intacta en su memoria: ella siendo una bebé, acostada en una cuna mientras comía gelatina en un pequeño recipiente metálico. Años después, su historia continúa escribiéndose en el mismo lugar, aunque desde otro rol: hoy es la encargada de la cocina del Jardín Maternal Evita.
Vecina del barrio Stella Maris y actualmente de 39 años, su vínculo con la institución comenzó durante sus primeros meses de vida. Tras haber asistido al jardín, regresó tiempo después para acompañar a sus hermanas menores y participar de diferentes actividades comunitarias.


“Creo que fue la seguridad que tenía de ver a mis hermanas en este lugar. Yo las traía, las buscaba, participaba e incluso hacía talleres. Ver eso me daba seguridad”, recordó.
A los 19 años ingresó a trabajar en el Municipio y fue destinada al mismo jardín que había formado parte de su infancia. Inicialmente cumplió funciones operativas y posteriormente se incorporó al sector de cocina, donde continúa desarrollando su tarea.
“Es mi segunda casa, un lugar que uno cuida como su propio hogar”, expresó.
Desde ese espacio, se encarga diariamente de preparar los alimentos para los niños y niñas que asisten al establecimiento, una tarea que, asegura, realiza con dedicación y compromiso.
“Mi trabajo es cocinar con amor, cuidado y conciencia para ellos. Lo que aprenden los niños a través de los juegos es impresionante, como es impresionante el trabajo y el amor que las seños le ponen a su día a día. Para mí, el jardín es seguridad y confianza”, afirmó.
Más de cuatro décadas de acompañamiento comunitario
Ubicado en la intersección de avenida Rivadavia y calle Viamonte, el Jardín Maternal Evita fue fundado el 10 de octubre de 1984 como una guardería municipal. Con el paso de los años amplió su propuesta educativa y social hasta convertirse en el primer Centro de Promoción Barrial de los once que actualmente funcionan en la ciudad.
Dependiente de la Dirección General de Promoción Barrial, en la órbita de la Secretaría de Desarrollo Humano y Familia, el espacio desarrolla una importante tarea de acompañamiento a la primera infancia, garantizando cuidado, alimentación y contención a niños y niñas de entre 45 días y 2 años.

Actualmente, el CPB Evita recibe a 32 niños y niñas y complementa su labor con distintas propuestas destinadas a la comunidad. Entre ellas se encuentran talleres de cocina, cerámica, cine y producción audiovisual, además de un espacio de fortalecimiento en matemática y lengua articulado con el Instituto Superior de Formación Docente Nº 807.
Asimismo, desde hace más de 15 años funciona en el edificio un grupo de adultos mayores que reúne a más de veinte participantes en actividades recreativas y de integración social.
A lo largo de sus 42 años de historia, el Jardín Maternal Evita se consolidó como mucho más que un espacio de cuidado infantil: se transformó en un punto de encuentro para distintas generaciones, donde historias como la de Antonella reflejan el profundo vínculo entre la institución y la comunidad.
