“Mamá, no me quiero ir”: el relato sobre una adopción traumática

El relato de Stefanía Zilleruelo expone un caso sensible dentro del sistema de adopción y acogimiento familiar, donde se cruzan vínculos afectivos, decisiones judiciales y cuestionamientos sobre el accionar de los organismos intervinientes.

Zilleruelo contó que, junto a su esposo, fue familia solidaria —o de acogimiento— de dos niños durante más de dos años. “Fuimos familia de acogimiento por dos años y tres meses. Tenían nueve meses y dos años cuando llegaron”, explicó. Durante ese tiempo, según su testimonio, se generaron lazos profundos, en un contexto en el que los menores venían de situaciones de vulneración de derechos.

La situación cambió cuando se resolvió la adopción plena de los niños y se inició el proceso de vinculación con la familia adoptiva. En ese marco, Zilleruelo aseguró que pidió que se contemplara el vínculo construido: “Les pedimos que tuvieran en cuenta todo esto, porque no era culpa nuestra ni de los nenes que haya pasado tanto tiempo. El más chiquito me decía mamá y a mi esposo papá”.

Sin embargo, sostiene que los organismos intervinientes no consideraron esos planteos. Según relató, uno de los niños manifestó angustia durante el proceso de vinculación. “El más grande tenía pesadillas, tenía miedo de que se lo lleven, porque ya había pasado por esto muchas veces”, señaló.

Zilleruelo también afirmó haber compartido con las autoridades un audio en el que el niño expresaba su deseo de no irse a vivir con la nueva familia. “Me dijo: ‘Mamá, yo no me quiero ir, quiero vivir con ustedes. Ellos son buenos, quiero salir con ellos, pero no me quiero ir a vivir ahí’”, recordó. Ese material, según indicó, fue enviado a la asistente social y a la directora del área de adopciones, Cristina Ramírez, pero —afirma— “no fue escuchado”.

Uno de los momentos más críticos del relato se refiere al día en que los niños salieron con la familia adoptiva y no regresaron. “Nos dijeron que volvían a las siete y media, pero nunca volvieron. Después me informaron que ya no regresaban porque así estaba decidido”, relató. Zilleruelo cuestionó especialmente que la decisión se tomara sin una despedida adecuada: “Se fueron como vinieron, con lo puesto, otra vez subidos a un auto, sin saber qué pasaba”.

También expresó dudas sobre la versión brindada por los profesionales respecto a la decisión del niño más pequeño de quedarse con la familia adoptiva: “Yo lo crié y sé que no habla con esas frases tan largas”, sostuvo.

Días después, según su testimonio, volvió a ver a los niños en un supermercado y notó un estado preocupante en el menor: “Estaba ido, no hablaba, no reaccionaba”, afirmó, y aseguró haber advertido sobre la situación sin obtener respuestas satisfactorias.

En paralelo, Zilleruelo indicó que actualmente pesa sobre ella una restricción que le impide acercarse a los niños. “Tuvimos que recurrir a una abogada y avanzar por otras vías”, explicó.

Finalmente, señaló a los responsables de las decisiones en el proceso: la jueza Elena Elizabeth Castillo, titular del Juzgado de Familia N°1; la asesora Carolina García;